- Nació en 1918 y es una de las dos personas más longevas de Machalí. Su familia es del sector Perales y toda su vida se dedicó a la agricultura. También tiene historia en la rayuela.
Don Pedro González Díaz tiene 100 años y es una de las dos personas más longevas de Machalí. Pese a que enfrenta desde hace un tiempo un grave problema en su espalda, se dice sentir jovial y con ganas de vivir mucho más.
“Estoy feliz de haber cumplido 100 años (18 de julio) con el favor de Dios. ¡Imagínese! A la fecha que me mantiene vivo el Señor y lo mejor es que me siento bien todavía”, indica.
La celebración de su cumpleaños fue un festejo íntimo, en su casa y junto a toda su familia. “Nosotros somos poquitos. Estuvimos sus dos hijos, sus cuatro nietas y sus siete bisnietos. También vino una tía a saludarlo. Tomamos ‘oncecita’, le cantamos el cumpleaños feliz y lo regaloneamos harto”, comenta su hija María González.
Durante esa jornada también recibió la visita de la máxima autoridad comunal, José Miguel Urrutia, instancia que fue memorable para don Pedro y que lo llenó de orgullo. “Hasta el alcalde me vino a ver. Me trajo una torta y conversamos un poco. Me sentí bien alagado con su reconocimiento, porque fue un homenaje el que me hizo”, sostiene.
“Cuando llegó el alcalde estaba oscuro y yo oía que gritaban aló, aló y me preguntaba quién será. Cuando salí a mirar recién ahí me di cuenta de que era don José Miguel. Él nos comentó que estuvo mucho rato buscando la casa y a mucha gente le preguntó dónde vivía José González. Incluso, les decía a las personas que mi papá era un caballero antiguo de calle Tarapacá, pero nadie le daba el dato. Esto pasó porque la gente no conoce a mi papá por José, que es su segundo nombre. Solo un caballero le dijo: Al que yo conozco es a Pedro González, que vive al lado de la verdulería, pero no sé quién es José González”, expresa por su parte, su hija.
ORIGEN
Don Pedro es el cuarto de siete hermanos. Nació en el sector Perales, ubicado entre las localidades de Coya y Chacayes. Sus padres fueron trabajadores de la agricultura y ambos murieron muy jóvenes. “Las hermanas mayores fueron las que lo terminaron de criar. Quedan vivos sólo dos, mi papá y una hermana menor que tiene 95 años. Ella no está tan bien como mi papi porque hace poco le declararon alzheimer”, cuenta María González.
Su juventud la recuerda como una época tranquila, siempre trabajando en el campo. A los pocos meses de haber cumplido 23 años, conoció a su esposa María Inés, quien fue la mujer de su vida. “A los 25 me casé. Me aburrí de estar solo (ríe)”, indica. “Ellos se conocieron en el Fundo Miraflores (Avenida La Compañía, en Rancagua). Ahí vivían y trabajaban ambas familias. Se conocieron y se gustaron. Ellos estuvieron juntos 60 años y se casaron acá en Machalí. El cura que los unió fue el Padre Luis Belmar, que es bien recordado”, relata su hija.
– ¿Fue ahí que volvieron a vivir a la comuna?
“Sí. Desde que me casé con María Inés siempre vivimos en Machalí. Hubo un tiempo corto que nos fuimos a Codegua, pero fueron un par de meses ya que reculamos nuevamente para acá. Es que siempre me ha gustado esta tierra. Tiene algo no sé qué”.
Según cuenta don Pedro, a puro esfuerzo y corazón fueron formando su primer hogar.”Nos compramos nuestras primeras cositas, pero no necesitábamos mucho la verdad porque siempre vivimos en los fundos donde trabajé”, sostiene.
– ¿Recuerda algunos de esos oficios?
“Sí, toda mi vida estuve en el campo, metido en el agua. Yo siempre fui bueno para trabajar y los ministros (jefes) siempre me escogían para irme con ellos, para hacer trabajos pesados con el tractor y sembrando trigo”.
“Por su pega estuvimos primero en el Fundo Larroulet, ahí mi papá trabajó más de 20 años como inquilino. Su jefe era don Pedro Larroulet. Después pasó al Fundo Recreo con don Abdón Yarrá. También vivimos en el sector La Hacienda, en camino Las Rosas”, rememora su hija.
Hasta 1988 don Pedro trabajó arduamente. Sin embargo, de un día para otro y sin previo aviso, le comentó a su esposa que quería descansar y dedicarse exclusivamente al bienestar de su familia. “Le dije a la María Inés: Ya estoy cansado. Mañana dejo de trabajar. Y lo hice. Con mi jubilación, me compré esta casa y la elegí entre varias ya que me ofrecieron hartas, pero a mí me gustó ésta porque tenía harto terreno para sembrar”, explica.
De acuerdo a su relato, su vida junto a su esposa fue bastante amena, sobre todo durante los últimos 30 años que alcanzaron a disfrutar juntos la vivienda de calle Tarapacá. “Fuimos felices”, comenta. “Mi mamá siempre se dedicó a la casa y al cuidado de la familia. Yo nunca me casé así que siempre me dediqué a ellos. Perdimos a mi madre en el 2005, a causa de un tercer ataque vascular. Ella duró sólo 15 días. Para mi papá fue doloroso, pero se recuperó. Hasta el 2014 estuvo impeque, sin embargo, ese año pasando un rastrillo se cayó, y se quebró la cadera. A causa de eso lo tuvieron que operar, y hoy en día sufre esos dolores de espalda”, añade María.
EL PRESENTE
El día a día de don Pedro comienza a eso de las 9 de la mañana cuando su hija le lleva su desayuno. A eso de las 12:30 se levanta y mira algo de televisión a la espera del almuerzo. “A mi papá no le gusta mucho escuchar radio ni ver tele, pero igual se las prendo un par de minutos para que escuche algo de bulla, ya que disfruta mucho del silencio. Ya a las cinco o seis de la tarde, me pide que lo acueste por el frío. Ahí se queda descansando hasta que se duerme”, cuenta María González.
– ¿Siempre fue tranquilo?
“Sí, siempre de la casa al trabajo. Cuando yo era guagua, ¡uf hace muchísimos años porque ahora tengo 65!, mi papá pertenecía a un club de fútbol. Incluso, todavía tenemos una fotografía donde sale con su equipo puesto”.
– Don Pedro, es verdad que era bueno para la pelota…
“Sí harto, pero más le hacía a la rayuela. Tenía un grupo de amigos que siempre íbamos a jugar a una cancha que estaba cerca de la rotonda del cementerio (Avenida Arturo Prat). La teníamos bien arregladita. Ahí llegaba muchísima gente a jugar. Nos entreteníamos bastante”.
Con respecto a esto último, don Pedro dice ser conocido por ser un excelente jugador. “Hay varias personas que me ubican por la rayuela. La verdad es que tengo hartos conocidos en todos lados porque nunca he sido un hombre tirao, que no le dice hola a la gente. Yo saludo a todos aunque no los conozca o no los recuerde (ríe). Es ahí donde la gente le agarra buena a uno. De repente voy caminando por la vereda de enfrente y desde la otra me gritan: ¡Wena Pedrito! ¿cómo está?. Y les respondo feliz “, comenta.
– ¿Y le gusta cómo está hoy Machalí?
“Mmm … Ya no encuentro que sea tan tranquilo como antes. Ha llegado mucha gente de afuera. Varias personas de Santiago. Y no es por na’, pero mucha de esas personas son malas (ríe). Ahora hay muchos robos. Antes era tranquilito y se podía andar con seguridad en todos lados. Además se llenó de casas y ya ni quedan fundos”.
