Como una persona de trabajo, con 33 años como conductor de colectivos de manera ininterrumpida y una hoja de vida personal y laboral intachable, se definió A.O. de 51 años, el chofer de colectivo de una de las líneas que cubre Machalí-Rancagua tras a las acusaciones de abuso sexual que vivió la semana pasada, donde fue detenido luego que una pasajera denunciara haber sido víctima de tocaciones impropias mientras iba a bordo de un colectivo que cubre el recorrido Machalí-Rancagua.
Dice ser inocente de lo que se le acusa, no conocer a la víctima del delito denunciado, y que a la hora que ocurrió el hecho no haber estado manejando su vehículo, que solo conduce cada mañana solo entre las 5:40 y el mediodía.
“Quiero saber quién es (la persona que lo acusó), porque sé que esa persona me está confundiendo o está mintiendo, y quiero que haga lo que pueda, porque mi familia y yo estamos mal”, plantea en primer término el chofer de la locomoción colectiva.
“En este momento estoy muy mal sicológicamente, porque no he podido salir a la calle y ando con miedo”, recalca.
“Soy una persona que se dedica al trabajo y mi familia. Me están confundiendo porque a la hora que dice ella (la víctima) que pasaron los hechos, yo no trabajo. Me está confundiendo con otra persona, o es enferma, pero aquí se equivocó porque está acusando a una persona que es honrada, trabajadora y que se dedica a su familia y trabajo, nada más”, explicó A. O. (51).
Plantea que la víctima de estos hechos no sabe el daño que está realizándole a él y su familia, “porque estoy muy mal sicológicamente. Es primera vez que estoy detenido y paso por un calabozo. Para mí fue una experiencia demasiado fuerte. Solo he salido de mi casa para ir al siquiatra, no estoy trabajando y solo paso encerrado en mi casa”, contó el chofer de 51 años.
Dice que espera llegar hasta las últimas consecuencias para esclarecer esta situación, “que para mí ha tenido un costo enorme, personal y familiar, que no se lo doy a nadie”, sentenció.
