El próximo 11 de octubre se cumple un año de la brutal agresión que sufrió el joven skater Sebastián Cornejo, quien a los 24 años falleció en el Hospital Fusat tras recibir 48 golpes –24 en la cabeza e igual número en el resto del cuerpo– por parte de un grupo de personas que pretendía ingresar a una fiesta convocada por Facebook, en la esquina de las calles Recreo y Arturo Prat, en Machalí.
Su padre, Ismael Cornejo, tiene planeado no sólo ir al Parque Jardín Las Flores, sino también realizar una velatón en el lugar donde su hijo recibió la golpiza de cuatro imputados –uno de ellos menor de edad– quienes utilizaron distintas armas, como cadenas y palos.
La Fiscalía cerró la investigación del caso, en la que se encuentran formalizados los cuatros imputados por el delito de homicidio calificado, con la agravante de alevosía.
En una audiencia reciente, la Fiscalía reformalizó la investigación con el objetivo de precisar hechos y antecedentes relacionados con el homicidio del joven de 24 años, antes del cierre de la investigación para el inicio del juicio oral.
También se fijó una audiencia de revisión de medidas cautelares respecto de tres imputados para el próximo 6 de octubre, a las 10:00 horas, en el Tribunal de Garantía de Rancagua.
Una vez que el ente persecutor presente la acusación en esta causa, la familia del joven skater presentará también una acusación como querellante, en la que pedirán las penas máximas.
¿Cuánto pedirán de pena ustedes como querellantes?
“Ojalá sea perpetua porque prácticamente lo masacraron con alevosía. Estaba planificado, porque ellos tenían un cumpleaños también, y ahí se pusieron de acuerdo de ir a pegarle a los skater de Rancagua, dentro los cuales estaba mi hijo. Ellos planificaron el tema, además que iban armados, con cadenas, y nadie va a una fiesta con cadena sino es para cometer fechorías.
En las reconstituciones de escena, no mostraron arrepentimiento.
Mi hijo estaba cien por ciento sobrio. El examen de alcoholemia arrojó cero, lo cual es más penoso todavía. Le pegaron alrededor de dos minutos, mi hijo les gritaba que no le pegaran.
¿Cómo ha vivido todo este proceso?
Cada 15 días, voy sagrado al cementerio a ver a mi hijo. Voy con mi otro hijo, Benjamín. Es una pena diaria, es una cosa que todos los días veo a mi hijo. Tengo una foto, lo saludo como corresponde en la noche antes de ir a acostarme.
Es una lucha constante, pero uno se va habituando a eso. Lo que te lastima es esto, que nunca se terminan los procesos rápidos, sino que se alargan y escuchar todo lo que le pasó a mi hijo, te refresca la memoria el minuto en que tomaste a tu hijo y está lleno de máquinas, donde lo fuiste a buscar a la morgue…
Eso es lo que molesta y duele como familia. Por eso queremos que se termine luego este episodio con el juicio oral y obviamente con las sentencias ejemplificadoras para el resto de la gente, porque es un caso con ensañamiento, muy agresivo, de no ser humano.
¿Cuál es el mensaje que pueden entregar a otras familias para evitar este tipo de hechos?
Si bien a mi hijo lo llamaba una vez al día, a mi otro hijo lo hago dos o tres veces al día, y ver con qué tipo de gente se junta, porque muchas veces los niños salen con amigos y uno no conoce a los amigos.
Si bien es cierto uno conoce los nombres, no sabe de qué familia proviene, de dónde son, porque ellos buscan a sus amigos. Entonces, uno se confía y uno dice anda protegido. Mi hijo salió con varios amigos, tenía seis u ocho amigos en esa fiesta, pero nadie lo socorrió, quedó solo, entonces ahí uno duda un poco de la gente que te rodea.
¿Qué dicen los amigos que andaban con él?
Hay testigos que lo vieron cuando lo seguían, cada uno arrancó para un lado porque los delincuentes iban con cadena y palos, cada uno arrancó por su vida, para no ser agredido, y cuando se dieron cuenta que a mi hijo le pegaron, estaba oscuro, cerca del sauce. Había una luminaria y se veía una sombra, según lo que dicen estos niños, cuando salieron estos cuatros siguiendo a mi niño con sus armas.
Después salieron a ver a Sebastián y estaba tirado en el piso, ya convulsionando y lleno de sangre por todos lados.
Gracias a Dios pasó un buen samaritano que lo llevó en auto a la Fusat. Por lo menos, espero morir en mis brazos porque murió dos o tres horas después. Estuve con él y vivir ese episodio ahí, lo que más quiere uno es que Dios lo salve (…) pero son cosas inevitables. El médico nos había dicho que no se puede operar y esperar lo peor, y de hecho pasó lo peor, murió después de este atentado.
¿Cómo se encuentra la familia después de casi un año de la muerte de Sebastián?
Su madre está muy complicada porque no es como el hombre. La mujer lo lleva en su vientre nueve meses, hay un lazo familiar mucho más fuerte, es el hijo mayor, recién egresado de la universidad. En agosto dio el examen, en octubre lo mataron, y en noviembre recibí el título de mi hijo, ingeniero industrial. Se sacrificó montón y no tenerlo, porque en la noche fue a la curva de la muerte a dejarle un polerón como a las doce de la noche, mi hijo venía de Santiago y pasó directamente a la fiesta.
Ella se recuerda de toda esa etapa, por qué no haberle dicho que se viniera conmigo, además su hijo mayor, regalón.
Los primeros meses fueron muy críticos para ella, con tratamiento de especialistas, porque es muy fuerte. Lo que ella más teme es enfrentar el juicio oral, porque uno verá las fotos, la autopsia, cosas que uno sabe, pero que no las quiere ver.
